Por Ingrid Urtubia - Coach de Bienestar Emocional
Poner límites puede resultar difícil cuando has aprendido a cuidar, responder, resolver o estar disponible para otras personas antes de preguntarte qué necesitas tú.
Sabes que algo te incomoda, que no quieres aceptar una determinada situación, incluso sabes que necesitas decir que no. Y aun así, cuando llega el momento de hacerlo, aparece la culpa.
La culpa puede aparecer cuando empiezas a actuar de una manera diferente a la que has aprendido.
Decir que no, pedir tiempo, expresar una necesidad o marcar un límite puede hacerte sentir incómoda, especialmente cuando estás acostumbrada a evitar conflictos o a priorizar las necesidades de los demás.
Pero sentir culpa no significa que estés haciendo algo incorrecto.
Poner un límite no consiste solamente en decir “no”.
También implica reconocer qué necesitas, expresarlo con claridad y aceptar que la otra persona puede reaccionar de una manera que no puedes controlar.
Para muchas mujeres, el problema comienza mucho antes de pronunciar esa palabra. Puede aparecer en pensamientos como:
Voy a decepcionarla.
Van a pensar que soy egoísta.
“Tal vez debería hacerlo de todas formas.”
“No quiero generar un conflicto.”
“Es más fácil decir que sí.”
Cuando estas ideas aparecen, es fácil terminar dejando tus propias necesidades en segundo lugar.
Y cuando eso se repite, puedes comenzar a desconectarte de algo tan básico como reconocer qué quieres, qué necesitas y qué ya no estás dispuesta a aceptar.
Un límite expresa lo que necesitas, lo que aceptas y aquello que no estás dispuesta a hacer. No tiene como objetivo controlar las deciones de otra persona.
Define cómo vas a actuar tú frente a una determinada situación, por ejemplo:
No puedo ayuderte hoy.
Necesito pensarlo antes de responder.
No quiero hablar de esto ahora.
Prefiero que conversemos cuando podamos hacerlo con calma.
Esta vez no voy a hacerlo.
Un límite no necestia convertirse en una discusión, y tampoco necesita una explicación interminable para que la otra persona lo considere válido.
Antes de pensar cómo vas a decir, identifica qué está ocurriendo.
¿Qué situación estás aceptando aunque no quieres?
¿Qué estás haciendo por compromiso, miedo o culpa?
¿Qué conversación estás evitando?
¿Qué necesitas que cambie?
Poner un límite comienza cuando puedes reconocer con claridad qué está generando malestar.
Un límite claro empieza por una necesidad clara, esto puedo ser:
Tiempo
Descanso
Espacio
Privacidad
Ayuda
Silencio
Una conversacióndiferente,
o simplemente la posibilidad de decir no.
Cuanto más claro tengas lo que necesitas, más sencillo será expresarlo.
No necesitas construir una explicación extensa para justificar cada decisión. Puedes decir:
“Hoy no puedo.”
“Necesito tiempo para pensarlo.”
“Esta vez no voy a hacerlo.”
“No quiero participar en eso.”
“Prefiero hacerlo de otra manera.”
Un límite puede ser claro sin ser agresivo, y también puede ser firme sin convertirse en un enfrentamiento.
Esta parte suele ser la más difícil.
Poner un límite puede generar incomodidad, especialmente cuando no estás acostumbrada a hacerlo.
Puedes sentir culpa.
Puedes preguntarte si exageraste.
Puedes sentir la necesidad de explicar nuevamente tu decisión.
Esa incomodidad no significa automáticamente que debas retirar el límite.
Puedes sentir culpa y mantener una decisión que consideras necesaria para ti.
Cada límite también te permite conocer mejor tus relaciones.
Observa qué ocurre cuando expresas una necesidad.
¿La otra persona escucha?
¿Pregunta?
¿Respeta tu decisión?
¿Insiste?
¿Intenta hacerte sentir culpable?
No necesitas responder inmediatamente a cada reacción.
También puedes observar.
Esa información forma parte de lo que estás aprendiendo sobre tus relaciones y sobre la manera en que te posicionas dentro de ellas.
Poner límites empieza mucho antes de pronunciar un “no”.
Empieza cuando reconoces que tú también tienes necesidades, preferencias, límites y una voz que merece ser escuchada.
Cuando empiezas a prestar atención a lo que sientes y necesitas, tus decisiones pueden comenzar a incluirte de una manera diferente.
No se trata de dejar de considerar a los demás.
Se trata de dejar de desaparecer tú dentro de cada decisión.
No necesitas memorizar frases perfectas. Necesitas encontrar palabras que puedas decir de verdad.
Cuando necesitas tiempo
“Necesito pensarlo antes de darte una respuesta.”
Cuando no puedes asumir algo
“Esta vez no puedo hacerlo.”
Cuando necesitas espacio
“Ahora necesito un momento para mí.”
Cuando no estás de acuerdo
“Entiendo tu punto de vista, pero yo prefiero hacerlo de otra manera.”
Cuando alguien insiste
“Entiendo que no sea lo que esperabas. Mi decisión se mantiene.”
Cuando no quieres hablar del tema
“No quiero hablar de esto ahora.”
Poner límites también significa aprender a no negociar contigo misma, cada vez que alguien no está de acuerdo.
Poner límites sin sentir culpa no significa conseguir que la culpa desaparezca antes de actuar, significa aprender a reconocerla sin permitir que decida por ti.
Tus necesidades también forman parte de las decisiones que tomas.
Tu tiempo importa.
Tu decanso importa.
Lo que quieres, lo que no quieres, también importa.
Y aprender a expresarlo puede cambiar la manera en que te relacionas contigo y con los demás.
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